Denuncia por amenazas

Las denuncias por amenazas son una práctica habitual en caso de que el denunciante sienta o crea que está siendo amenazado. Las amenazas son un delito y por ello estamos obligados a denunciarlo, incluso si las amenazas no son contra nuestra persona sino que recaen sobre otras.

Es muy posible que tras tramitar una denuncia por amenazas, recibamos en nuestro domicilio una citación por parte del juez que nos insta a acudir a una determinada cita y que si es posible, llevemos pruebas o testigos que certifiquen dichas amenazas.

La amenaza es un delito que progresa en un juicio de faltas, ya que así queda tipificado en el artículo 620.2 del código penal. Así mismo, la ley de enjuiciamiento criminal, en su artículo 967 determina una citación para la persona víctima de las amenazas así como el amenazador en lo que se llama un juicio de faltas, y se puede acudir con tu propio abogado o no, ya que no es necesario.

Lo importante para la resolución del caso en favor del perjudicado es que acudan los testigos y declaren en favor del amenazante. Ante todo siempre se debe defender a las dos partes, ya que es necesario dictaminar si la propia denuncia es real o es falsa. No basta únicamente la palabra de uno contra la del otro, la presencia de los testigos por tanto se presenta como determinante.

En caso de que los testigos no quieran participar, es posible que acudan citados por el juez. Deberán acudir con el DNI y esperar fuera hasta que se les llame. Ante la falta de unos testigos, una prueba física y no testifical , como una grabación o una carta manuscrita puede siempre ser funcional para la verificación del caso.

Para realizar la denuncia por amenazas

Al igual que el resto de denuncias, una denuncia de este tipo de puede tramitar en cualquier comisaría de policía en cualquier juzgado. Se presentaran los datos y la información disponible y se esperará hasta que el juez imponga la fecha y hora de la citación. En caso de conocer a la persona que amenaza, la denuncia quedará archivada, al igual que un robo o cualquier otro delito en el que solo exista una parte, la damnificada. Siempre en espera de nuevas pruebas o futuros sucesos que clarifiquen la situación.